John Lennon era el vocero de los Beatles, el "intelectual" del grupo. Considerando como tal, una publicación (Revista Playboy) le hizo un reportaje cuando el conjunto iniciaba su separación. A continuación se transcribe el diálogo mantenido con el famoso cantante. La disgregación fue coincidente con el matrimonio que contrajo con Yoko Ono.

Cuando Yoko y yo nos encontramos -dijo en esa oportunidad Lennon- descubrimos que poseíamos el don del amor y que había que hacer un esfuerzo para que floreciera en todo el mundo. El amor es una flor preciosa y no podemos contentarnos con sentarnos encima de ella. Después de haber vivido juntos durante un tiempo, decidimos que debíamos hacer algo con nuestros inmensos egos. Así nos sentamos a meditar durante tres semanas. Sabíamos  que por la paz era para nosotros lo más importante, pero ¿por donde comenzar? En ese momento decidimos casarnos, puesto que el amor y la paz van juntos. Y decidimos compartir nuestro amor con el mundo".

Un echo singular, fue la decisión la decisión de ambos -Lennon y Ono- de enviar espigas de trigo, en un número aproximado de trescientas, a todos los líderes del mundo. "Elegimos la espiga -dijo- para que sea plantada como una escultura viviente, como el grano de la paz. Respecto a este gesto, considerado por Lennon y su esposa como símbolo de paz y amor, el cantante señaló que "algunas de las respuestas recibidas fueron" gracias; hemos recibido vuestro envío". "Gracias, la plantaremos"; otras "puede ser que algún día nuestra actitud sea más positiva, pero por ahora aplaudimos, aplaudimos".

¿Cuándo la reina los condecoró con la orden del imperio británico, ¿tomó eso en serio? ¿Estaba impresionado?

-Lo tomé como una broma. Desde el principio teníamos ganas de reír. Pero cuando eso sucede y lo condecoran a uno, ya no bromea más. Sin embargo, nosotros estábamos tentados como locos...

-¿Qué le dijeron a la reina?

-¡Oh! ¡No teníamos nada para decirle! Ella dijo, más o menos: "Ah, oh, la, la!". No comprendimos bien. Es mucho más atractiva en persona que en las fotografías. Estaba plantada sobre un gran trono. Uno puede muy bien no creer en la realeza, pero no dejará de impresionarse cuando se está en el palacio y delante de la reina. Era un sueño, era muy hermoso. La gente tocaba música y yo miraba al cielo raso. No estaba mal ese cielo raso. Era histórico. Era como estar en un museo.

Éxito.

También en esa entrevista mantenida con John Lennon, se hizo referencia a los recuerdos que desataba la pasión  frenética de los fanáticos de los Beatles. "Esa pasión  -señaló el cantante- nos daba energía y nos rendíamos cuatro veces más. Como éramos cuatro podíamos  sostenernos, los unos con los otros".

-¿Ocurrió lo mismo en el debut?

-Cuando debutamos sólo queríamos ser los más grandes. Soñábamos con ser los Elvis Presley ingleses. Eso era todo. Lo creíamos, además. Paul y yo nos sentábamos a escribir canciones. Otros escriben y pueden interpretarlas ellos mismos. Nosotros cuatro teníamos algo más que eso. Paul podía gustar a las chicas y George y yo también, de vez en cuando. El mismo día del debut supimos que podríamos triunfar.

-¿Es usted -o lo fue- el líder de los Beatles?

-Yo tenía la costumbre de decir: "si hay un líder, soy yo". Pero los demás me aclaraban que no había, que no hay líder. De echo somos un grupo comunitario, solidario. Si alguno de nosotros renuncia a algo, todos renunciamos. Una sola excepción: cuando debutamos, a Paul no le gustaba nuestro manager, Allen Klein. Pero no le hicimos caso porque era muy importante para nosotros. En cuanto a su opinión sobre lo mejor para Lennon, hace casi una década opinó: "Bob Dylan, Elvis Presley y Frank Zappa, el director de Mothers of Inventinon. Con eso me conformo.

-¿Cuando escucha sus viejos discos ¿los encuentra buenos?

-Eso depende del humor en que me encuentre. Ayer por la noche escuché "She loves me" y estaba formidable. No hay ninguno de los mejores hits con los que no ocurra lo mismo. Tengo ganas de volver a grabar "Help!".

-¿Cuál es su preferido?

-Tengo mis prejuicios -dijo riendo-. Prefiero los míos. "Strawberry fields", "I fell mine", me gustan. Su guitarra, sus palabras, todo.

Ante una sutil pregunta, acerca de si el cantante se sentía adulto, respondió: "Yo soy una cosa de años. ¿Qué es un adulto?"

-¿Le gustaría entrar en la política? ¿Ser candidato en Liverpool?, por ejemplo.

-No, desde ya, a los Beatles nos reciben en todas partes como jefes de estado. Somos tan importantes como ellos. Lo que a mí me interesa es el universo. La política es un gran juego, pero no el más grande.

Violencia.

También opinó acerca de la violencia cuando manifestó que "no sólo no me interesaban los cambios en cien años, sino tampoco los que ocurren cada mil años. No hay una verdadera revolución. La violencia no es más que impaciencia. Yo voto por la no violencia".

-Nosotros -dijo luego Lennon- vendemos un viejo producto. La paz. La nueva paz azul. Poco importa que los diarios hablen todo lo que quieran. Es en Inglaterra donde la lucha es más dura, Inglaterra es un poco mi padre. En Canadá me han ayudado mucho más. El Canadá, para mí es como un tío. Usted puede ir a ver a su tío y pedirle prestado dinero para comprar cigarrillos, mientras que su padre le prohibiría  fumar y lo mandaría a la cama. Al principio, los taxistas, la gente de la calle, nos miraba con desgano. Hoy nos sonríen y nos saludan: "Hola ¿cómo les va?". No somos peligrosos: nosotros formamos parte del paisaje.

-Los Beatles, sin embargo, fueron aceptados ¿cómo lo explica?

-Falta algo, había una necesidad, un deseo de oír a la juventud expresarse a través de cierta música. Los Beatles lo han conseguido y continúan haciéndolo. Pero los Beatles serán el pasado de una gran cantidad de personas. Lo son ya. Pertenecemos definitivamente al pasado.